Frenan la acción de una proteína involucrada en el desarrollo del alzheimer y de varios tipos de cáncer, según diversos estudios.
Estas pequeñas crucíferas se recolectan durante los meses de noviembre y diciembre. Sus hojas, apretadas en forma de bolitas, esconden un valioso tesoro: una sustancia llamada I3C que cuando entra en el organismo es capaz de frenar la acción de una proteína mala. Dicha proteína está involucrada en el desarrollo del alzheimer y de cánceres como el de mama, colon, hígado, esófago y también el de próstata.
En su punto son más sanas
Si están crudas no las digerirás bien porque tienen mucha celulosa, pero muy hechas perderán las propiedades nutritivas que antes hemos mencionado.
Haz un corte en cruz en el tallo de cada col para que se cocinen a la vez por dentro y por fuera. De lo contrario, pueden quedar poco hechas en su interior.
Vigila su color. Deben estar verdes y brillantes. Si dejan de tener estas cualidades significa que te has pasado con la cocción.
Puedes optar también por cocinarlas al vapor. Es la mejor forma de preservar todos sus nutrientes. En 10 minutos estarán listas.
Potencia su sabor
Si crees que esta crucífera es insípida, prueba a rehogarla con cebolla y ajo, espolvorea un poco de pimentón rojo y riega con un chorro de aceite. También puedes mezclarlas con garbanzos, guisantes, zanahoria… o incluirlas cocidas en las ensaladas.

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